Entiendo la lectura como una fuente
de conocimientos y un conjunto de estímulos que percibimos y recibimos de
diferentes formas, textos, imágenes, reproducciones. Estos estímulos generan en
nosotros unas sensaciones variadas sobre los aspectos que leemos y que serán
personales e incluso a menudo indescriptibles para el lector.
Esa sensación tan vulgar y a la vez
tan única al leer de enfrentarte a un conglomerado de letras unidas con la
intención de expresar y producir unas sensaciones únicas a cada uno de los
lectores. Quizás esa es la magia más especial de la lectura, elementos iguales
con infinitos significados e interpretaciones según la persona, poder generar
todo tipo de opiniones y aprendizajes diferentes a través de un elemento común.
A pesar de ello, la lectura al igual
que tantas cosas en la vida, tiene sentido cuando se hace con un propósito o
una intención determinada, entretenimiento, aprendizaje, estudio o cualquier
otra.
La lectura, una acción tan natural
que se hace día a día en todo momento, sin darnos cuenta incluso y va aportando
conceptos a nuestro subconsciente que nos dan nuevas visiones y enriquecen
nuestro vocabulario en todos los ámbitos.
En un banco, al desplazarse,
comiendo, antes de ir a dormir, en el tiempo libre, en el parque, múltiples
variedades de un aspecto rutinario en algunos casos.
¿Dónde empieza y donde acaba el
ámbito y espacio de la lectura?
Muchas imágenes nos evocan a espacios
de lectura, más solitarios, más comunes, espacios de reunión, espacios para
aislarse. Yo, entiendo la lectura como un momento variable tanto público como
privado, pero no necesariamente como un ámbito cerrado sino en cualquier
espacio uno se puede generar el propio mundo interior necesario para dedicar
unos minutos a leer.
El parque de Can Ginestar podrá ser
un espacio con diferentes lugares de lectura pero nunca generando espacios
individuales sino buscando la relación con las personas o con los propios
elementos del parque que lo caracterizan positivamente.